La busqueda de piso

Bueno, sigo contando como va la cosa. Si leisteis mi anterior entrada de puesta al día, sabréis que estoy inmerso en la búsqueda de piso en León ciudad, donde poder pasar los duros meses de invierno, sin tener un techo de estrellas, y alguno más (léase, el curso).

Pues bien, el jueves 23 me tocó ir a visitar la que, espero, será mi ciudad de acogida durante el curso 2010-2011 y siguiente. Tras planear más o menos el día, mirar pisos que tenian buena pinta sobre el papel, cuadrar horarios y ponerse de acuerdo con mis aspirantes a casero, tocó partir a las nada saludables seis y pico de la mañana.

Al llegar, café recuperador, segundo desayuno y rumbo al primer piso. Un piso viejo, desangelado, grande… en resumen, no era para mí. Además, la señora casera se veía un poco rácana, cuando le comenté que el plato de ducha debería tener una mampara o cortina para no encharcar todo el baño, se fue por las ramas para al final, no decir nada.

Después de esto, otro café y al siguiente. En este caso tocó pasar por la zona de la catedral… y, como no, la real familia tenía que estar presente. Para mi sorpresa, la aglomeración de gente no era demasiado grande y permitía andar por la calle sin mayores problemas, al menos cuando yo pasé (un rato antes y un rato después de la aparición del sucesor a la corona).

Pues bien, iniciamos la visita a los pisos que estaban en alquiler. En esta tanda tocaba uno de los pisos preferidos, a priori. Primero lo primero: un apartamento reformado (aún estaban en ello), con su baño, habitación y demás, faltaba por instalar la cocina. Tenía bastante buena pinta, un poco caro y en una zona no muy recomendable para mi descanso. Además, había una tienda de quesos abajo y el olor podía llegar a ser cansino… no me imagino oliendo a queso todo el día, que luego seguro que me traumatizo a causa de los motes que tal olor puede originar.

En el mismo edificio estaba ÉL. Si, si, lo puse intencionadamente, no se me quedó el bloqueo de mayúsculas por error. Estoy hablando de “EL ESTUDIO”, con todas sus letras, mayúsculas y sus miles de pixeles (si estás leyendo esto en un iPhone 4 serán unos miles más). Se puede denominar así o, siendo un poco más matemáticos, el estudio al cuadrado. Lo que es lo mismo, estudio por estudio… lo cual, perfectamente, podría ser un resumen de lo primero que se me paso por la cabeza al entrar en él: “esto es digno de estudio sociológico” y de lo segundo: “le llaman estudio por llamarle algo”.

Veamos si soy capaz de describirlo… era un cuarto de herramientas, una pequeña habitación para guardar la bicicleta, los edredones en verano, la ropa de temporada cuando no estás en la temporada correspondiente… lo que se denomina trastero (un faiado en Galicia).

La cocina, a parte de incumplir cualquier normativa al respecto, tenia espacio justo para estar de pie. Si tienes que moverte para coger cualquier cosa, lo tienes que hacer de lado, ya que si lo haces de otra forma es muy posible que te caigas a las escaleras (si, “a las” no “contra las”, es decir, que te despeñas).

Y hablando de las escaleras, muy sutilmente colocado el armario empotrado de la casa. Muy grande y espacioso, para colgar abrigos largos, cazadoras, camisas y hasta algún pantalón… si eres liliputiense. Para la gente normal (y eso que yo soy bajo) es un sitio donde poner los zapatos y, si tal, alguna lata de comida o el papel higiénico/cocina.

Este “armario” (lo pondría en mayúsculas, pero no estoy seguro de que cupiesen dentro) se complementaba a la perfección con su respectiva cajonera, que todo ESTUDIO debe tener. Tres (o cuatro, no recuerdo) cajones, no demasiado grandes, donde guardar las camisetas, sudaderas, pantalones, ropa interior, ropa de cama…. todo lo que no cabe en el armario.

Y este es el primer piso, y mi primer mito caído. Despues de eso, pues nada salientable… mirar piso aquí, mirar piso allá, lo típico. Encontré la que era la segunda opción en casa, que pasó a ser la primera y de goleada tras la visita correspondiente. Era un bajo, cerca de la universidad y muy bien organizado… pero se me adelantaron, así que nada.

Tras esto, fui a alguna inmobiliaria (que nunca se sabe lo que pueden proponer), pero tampoco nada. Después de las inmobiliarias toco probar suerte con las residencias… pero claro, a estas alturas, la cosa está complicada. Así que nada, tampoco obtuve resultados y ya era hora de volver a casa así que, tras tomar un café, cagarme en los muertos y no muertos (vivos digo, que los vampiros y zombis me dan miedo como para meterme con ellos) de un impresentable H.d.P. que aparcó detrás en un sitio que, obviamente, no cabía; decidiendo que el sitio, cuando no llega, se amplía, decidió empujar sutilmente el coche, pero para que se va a molestar luego en apartarlo, lo dejó así, pegadito y empujando… hasta el punto de que al quitar el freno de mano se movio el coche algo (supongo que quería facilitar el arrancado). Revisando el coche por si había roto la defensa o algo, observo una marca blanca, a modo de golpe, en la defensa trasera. No podía ser del otro coche, ya que no era blanco ni nada, así que fue otro. La mala leche crecía y crecía, como la espuma en la cerveza… tomé aire, conté hasta diez, y emprendí la vuelta a casa.

Como no podía ser de otra manera, a la vuelta me tocó un tipo que decidió que lo de regular la altura de las luces no va con él, que si necesita a batman puede necesitar, con una cartulina cortada al efecto, realizar la bat-señal y que así la luz ya la tenía colocada. Esto lo digo al margen, a modo de nota al pie, para recordaros que si conducís y llevais peso en el maletero del coche, reguleis las luces para no molestar a los demás; que si vais por la autopista con las largas y viene otro coche de frente, las quiteis, porque, aunque poco, molestan. No cuesta nada ser cívicos.

Bueno, esto es todo de momento. Me hubiese gustado poder decir que tengo casa, que ya tengo la matrícula realizada y tantas otras cosas, pero la cruda realidad está aquí para bajarnos de las nubes de una bofetada, así que no voy a ser yo que le lleve la contraria.

A finales de mes, o principios del que viene, sale la adjudicación de plazas… Lo cual perjudicó bastante la búsqueda de piso y de residencia. Si tuviese la matrícula hecha, a estas alturas estaba ya, prácticamente, instalado en León. Pero como no es el caso, pues toca fastidiarse. De todos modos, hay hoteles que ofrecen el pack completo para estudiantes, a un precio menor que muchas residencias, claro que con menos servicios… como medida desesperada, los dejo de reserva.

Y nada, mirando en la Universidade de Santiago de Compostela, vi que ya salió la resolución de las plazas del máster. Se ve que no se cubrieron todas las plazas, en contra de lo que me dijeron en el servicio de la USC encargado de llevar las cosas de matriculas y demás. Así que, provisionalmente, estoy matriculado del máster. En caso de que no tenga plaza en León, no perderé un año buscando mi camino, así que dentro de lo que cabe no fue un día tan malo… al menos sé que el plan B (que realmente era el A hace poco) sigue en pié… ahora a ver si sale todo y se zanja el asunto, que ya tengo ganas de tener cosas que hacer.

Os mantendré informados.

PD. como siempre, los acontecimientos aquí relatados son exageraciones, cuya única finalidad es la de amenizar las horas muertas y aliviar mi cabeza de algunas cosas que, por ella, pasan. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia y, si crees saber de que pisos hablo, estás equivocado.

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Acerca de Manuel Trigo

Ingeniero técnico industrial, interesado en electrónica, desarrollo de sistemas inteligentes, DIY, microcontroladores, programación, fotografía... Estudiante de segundo ciclo de Ingeniería Industrial en la Universidad de León.
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