Puesta al día

Muchos ya lo sabreis, pero como siempre queda algún despistado sin enteresarse de las cosas, hago un breve resumen de mi situación actual.

Este junio terminé la carrera. Todos pensareis: “¡que bien!”… o incluso “ya era hora”. Sí, yo pensé lo mismo y más, hacía tiempo que me tardaba el momento de terminar con el insufrible tormento de no saber el resultado de cualquier examen que, supuestamente, me había salido bien (por desgracia bastantes veces el profesor correspondiente no pensaba lo mismo). Supongo que esta situación os será bastante familiar, seguro que hasta alguno comprobó no estar leyendo la historia de su vida.

Tras un par de semanas de rigor, consagrada al viejo arte del rascado de panza, de ver Lost del tirón a costa de horas de sueño, de vivir el luto de mi “yo-estudiante”… era hora de dedicarme a mi siguiente empresa: buscar un trabajo. Ciertamente empecé muy motivado, claro que en verano, al menos en el verano de un recién titulado en junio que no termina hasta la última semana de julio (paradojas de la vida), quizás no sea la mejor época.

Así que nada, proseguí la búsqueda, postergué el plantearme un futuro, en aquel momento no muy cercano (aun estaba en modo “la ultima semana me estudio 500 folios sin problemas”), dedicándome a mandar el currículum aquí y allá… y de regalo dejaba un poco de ilusión. Eso sí, me llevaba la bofetada directa de la cruda realidad.

Muchos direis: vaya, este se nos aniquila (término que pienso poner de moda cueste lo que cueste). Resulta que no. Yo, en un inefable acto de buen hacer y mejor pensar, me plantear cambiar de tercio. Que se está muy bien viviendo de mis padres y, como aún no tengo hijos, no puedo cambiar mi fuente de ingresos. Resultado: me dedico a mirar qué hacer con mi vida. Tenía dos opciones: máster o el segundo ciclo de ingeniería industrial.

La primera opción (por el tema de que el piso de mi hermano no estuviese sin usarse mientras está de estancia en EEUU, más info aquí) fue irme a Santiago a hacer un máster que me tenía muy buena pinta. Prometo que el ir a Santiago no era un aliciente, que también. Al final, entre esperar que la Universidad de Santiago, más bien sus administradores o quien atienda al público, hiciese su trabajo en un tiempo más o menos normal (no se pueden tardar dos semanas en mandar un correo diciendo “ese tema mejor trátalo con esta persona”) pues se me hizo tarde y me quede sin plaza. Reconozco mi culpa, tengo la manía de dejarlo todo para el último momento. Soy como un mago, todo según Gandalf (tipo muy majo y sabio): nunca llego tarde (pero me retrasé). Así que nada, tocó hacer de tripas corazón e ir a por la segunda opción: el segundo ciclo.

Localizado el objetivo, pensado el lugar (por referencias variadas y datos estadísticos, León será la ciudad seleccionada como mi próxima ciudad de acogida) y, esta vez sí, sin esperar a última hora, me dispongo a preparar los trámites para realizar la solicitud y la búsqueda de piso.

Llamo a la ULE (ese es el nombre en clave) para preguntar si todavía quedan plazas. Sin problema, quedan unas cuantas. Perfecto. Miro la dirección, voy a correos y mando la carta certificada (me salió más caro que devolver un lector de tarjetas con disco duro a HongKong, no entiendo la diferencia tan grande de precios de una oficina de correos a otra): mission acomplished.

Toca la segunda parte: buscar la chabola donde viviré, con suerte, los próximos dos años. Tengo una máxima: huir de los pisos multitudinarios que, aunque baratos, serán mi perdición académica. Por lo tanto, busco algo relativamente barato, sin grandes lujos, tirando a zulo y que me permita algo de intimidad. Eso y que la relación baños/persona sea lo más próxima a uno posible… llamadme pijo, pero un piso de cinco personas con un solo baño no es una casa, es un establo.

Así pues, me pasé unos días buscando y buscando, llamando… pero, dado que esta parte de la historia no está terminada, pues dejo un poco de tiempo para poder hablar con perspectiva, que es como se cuentan las historias bien contadas (así os dejo con la miel en los labios).

Os avanzo, eso sí, que mañana me toca visitar León en busca del anillo piso único de poder que me permita no morir de hipotermia en los duros inviernos legionenses.

 

Espero que esta breve entrada sea de vuestro agrado y divertimento. Sólo quiero dejar claro que los hechos aquí expuestos son puras exageraciones cargadas de cierta ironía, que cualquier coincidencia con la realidad es eso, pura coincidencia, y que si alguien se da por aludido, por algo será.

A todos aquellos que empezamos algo nuevo, ya sea en USA, Valencia, Madrid, Portugal, León, Lugo… ¡Que la suerte os acompañe!

Anuncios

Acerca de Manuel Trigo

Ingeniero técnico industrial, interesado en electrónica, desarrollo de sistemas inteligentes, DIY, microcontroladores, programación, fotografía... Estudiante de segundo ciclo de Ingeniería Industrial en la Universidad de León.
Esta entrada fue publicada en Mi vida al día y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s